Infertilidad y asistencia psicológica

Actualmente, hablar de infertilidad resulta un tema tabú aun cuando es una realidad que amenaza el bienestar físico y psicológico de muchas parejas, y especialmente, amenaza la calidad de vida de la mujer.

Por lo tanto, desde la Psicología, los profesionales de la salud mental materna abogan por la necesidad de una asistencia psicológica que ofrezca herramientas que sirvan para disminuir el impacto emocional de la infertilidad femenina.

En términos clínicos, la infertilidad se define como la incapacidad del sistema reproductivo de concebir después de doce meses de relaciones sexuales sin el uso de métodos anticonceptivos (1).

Asimismo, la infertilidad puede presentar múltiples causas (1):

  • Edad avanzada: a partir de los 35 años el potencial reproductivo disminuye y después de los 40 años, la posibilidad de embarazo es menor del 10%.
  • Factor tubo-peritoneal: cuando las trompas de Falopio se encuentran con algún tipo de lesión.
  • Anomalías uterinas: malformaciones congénitas, sinequias, tumoraciones y anomalías de origen endometrial.
  • Endometriosis: cuando el tejido uterino se encuentra fuera del útero.
  • Otros factores de riesgo: miomas; enfermedades de transmisión sexual; enfermedades crónicas, como diabetes, cáncer, enfermedad de tiroides (hipotiroidismo, hipertiroidismo y enfermedad tiroidea autoinmune), asma o depresión.

Por otro lado, podemos distinguir entre infertilidad primaria, cuando una mujer nunca ha estado embarazada, e infertilidad secundaria, cuando se ha conseguido al menos un embarazo anterior (2).

 

REACCIONES ANTE EL DIAGNÓSTICO

Cuando la mujer presenta un cuadro clínico de infertilidad, es posible que la presión social y en ocasiones la presión familiar, recaiga en la figura de la mujer y esta se vea como una mujer “incompleta”. Por lo tanto, la mujer ve amenazada su capacidad reproductiva, inherente a su género, por lo que la calidad de vida la mujer, así como su bienestar físico y mental pueden verse alterados tras un diagnóstico de infertilidad.

Es por ello por lo que la terapia psicológica se convierte en la guía de estas mujeres, con el objetivo de acompañar durante el diagnóstico y posteriores intervenciones. Esta terapia aporta información acerca de la infertilidad y de los tratamientos existentes a la vez que realiza una intervención terapéutica desde una perspectiva biopsicosocial, dado que cada una de las áreas vitales pueden verse afectadas por la infertilidad: social, familiar, laboral, etc.

La infertilidad es una patología que se presenta a lo largo de un tiempo determinado, incluyendo tratamientos de larga duración y diferentes momentos durante los cuales los diagnósticos no serán del todo esclarecedores. Por lo tanto, el apoyo psicológico dependerá de los (diferentes) resultados del proceso, motivo por el que debe estar presente desde el diagnóstico, hasta la finalización o interrupción del tratamiento.

La experiencia de un diagnóstico que confirme infertilidad femenina a menudo conlleva sensación de angustia física y psicológica, así como la experimentación de sensaciones de culpabilidad, vergüenza y baja autoestima que generan sufrimiento y un claro desgaste emocional.

Asimismo, hemos de considerar que las reacciones y la alteración de los estados emocionales relacionados con un diagnóstico de infertilidad (elevación de la ansiedad y del estrés, síntomas depresivos), no son estáticos, sino que evolucionan y se modifican paralelamente a la intervención requerida. La alternancia de estas emociones desemboca en un desajuste emocional que repercutirá en la salud mental de la mujer (3).

Tras el diagnóstico de una enfermedad que afecta a la capacidad reproductiva femenina (síndrome de ovario poliquístico (SOP), endometriosis, cáncer, etc.) tiene lugar el comienzo de una serie de cirugías, tratamientos hormonales, o tratamientos más agresivos como radioterapia o intervención con quimioterapia. Durante el tratamiento paliativo pueden darse trastornos emocionales que necesitarán de una asistencia psicológica que proteja la salud mental de la mujer. No obstante, la necesidad de esta asistencia va a depender de la sintomatología y gravedad del cuadro clínico.

Actualmente, los servicios de ginecología de los Servicios de Salud (4), tienen como prioridad, la mejora de la calidad de vida de las pacientes. Una vez se ha llevado a cabo el tratamiento paliativo y se ha estabilizado el cuadro clínico, dependiendo de la patología que presenta la mujer y de si existe deseo de reproducción, el ginecólogo procede a la derivación a la unidad de reproducción asistida.

 

DERIVACIÓN A UNIDADES DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA

En esta unidad se realiza una valoración inicial de la historia clínica de la paciente partiendo del problema reproductivo que presente. Asimismo, se valorará la viabilidad de los tratamientos, así como su eficacia. Actualmente, existen diferentes técnicas que pueden aplicarse en estas unidades (5):

La inseminación artificial: “depositar los espermatozoides en el tracto reproductor de la mujer mediante cánulas transcervicales flexibles”. Existen dos tipos de inseminación: conyugal, en la cual el semen es de la propia pareja o inseminación por donante.

Fecundación in vitro: “técnica por la que, tras la extracción de óvulos de la mujer por punción de los folículos, son fecundados con espermatozoides de una muestra en un laboratorio y una vez formado los embriones son transferidos al útero de la madre para su gestación”.

La inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI): “es una variación reciente de la fecundación in vitro, los pasos son los mismo pero el óvulo es fecundado mediante una micro aguja por espermatozoides seleccionados microscópicamente”.

Una vez comenzado el procedimiento, el papel del equipo multidisciplinar es crucial. Entre los profesionales del equipo, destaca la figura de psicólogo quien ofrece apoyo psicológico a la mujer durante este procedimiento. Asimismo, este proceso tiene una doble vertiente dado que la mujer no solo tiene que lidiar con los efectos emocionales y físicos que surgen de una situación de infertilidad, sino que también entran en juego los efectos del tratamiento hormonal, como es el caso del proceso de estimulación ovárica (3).

Es importante brindar ese apoyo durante las diferentes etapas de un tratamiento de fertilidad, encauzando la inestabilidad emocional que pueden causar determinados resultados no deseados. Por lo tanto, el psicólogo proporciona técnicas relacionadas con el control de estados emocionales negativos, así como con la sintomatología relacionada con cuadros de ansiedad o depresión. Durante un tratamiento de fertilidad puede incluirse la técnica de donación de ovocitos, la cual es causa de gran controversia. La mujer no es la madre biológica del embrión, pero, si el cuadro clínico lo permite, la mujer puede gestarlo y, finalmente, dar a luz. Los episodios de altibajos emocionales son muy frecuentes durante un proceso tan importante e íntimo, por lo que se precisa de una intervención que ofrezca a la mujer las habilidades necesarias, así como modificar los recursos adaptativos que le permitan manejar los desafíos emocionales que se presentan ante la toma de decisiones vitales.

 

DIAGNÓSTICO DE INFERTILIDAD IRREVOCABLE

Del mismo modo, podemos encontramos con la otra cara de la moneda: cuando el diagnóstico de infertilidad es irrevocable.

Ante esta situación, la intervención psicológica cobra especial relevancia. La mujer recibe el no definitivo, lo cual desembocará en un sentimiento de abandono, frustración y desesperanza. Su capacidad reproductiva se encuentra en entredicho, ya que la maternidad es un derecho intrínseco a su género que su propio cuerpo le ha negado. Dicho esto, se pueden presentar trastornos emocionales que alteran el bienestar psicológico de la mujer causando sintomatología ansiosa y depresiva por lo cual es necesario proporcionar una asistencia sanitaria que ofrezca apoyo emocional durante el proceso de asimilación de dicho diagnóstico. Este momento de cambio puede dar lugar a un trastorno adaptativo, dado que los cambios que se dan en situaciones vitales repercuten en el equilibrio psicológico, desembocando en la aparición de trastornos emocionales (3). Por lo tanto, es crucial guiar a la mujer hacia ella misma, haciendo hincapié en desarrollar aquellas habilidades necesarias que permitan afrontar las alteraciones emocionales a la vez que permita una adaptación efectiva a su nueva situación (6).

Desafortunadamente, muchas mujeres llegan hasta el momento en el cual el tratamiento no ha resultado eficaz. Ante la negativa, muchas clínicas ofertan la posibilidad de realizar la técnica de gestación subrogada. Esta práctica, envuelta en un largo y acalorado debate ético, consiste en que otra mujer gesta el embrión de la mujer infértil. Actualmente, esta práctica está prohibida en España.

Por otro lado, en nuestro país, existe la opción del proceso de adopción. Los profesionales de salud mental materna acompañan a las mujeres adoptantes en el proceso de crianza desde una perspectiva integradora, enfatizando los cuidados y la comprensión de las madres, bebes y familias en etapas perinatales (7).

Pretendemos de esta forma, realzar la figura del psicólogo, así como de la asistencia psicológica en el campo de la salud reproductiva y del estudio e intervención en infertilidad lo cual permita un acercamiento a esta problemática, a esta situación de crisis vital que sufren muchas mujeres en nuestra sociedad y en todo el mundo. Es, por lo tanto, necesario acercar programas de intervención y acompañamiento a todas aquellas mujeres que sufran una condición física que impacta de lleno en todos los ámbitos de la vida y en la subjetividad de la mujer.

 

EXPERIENCIA INFERTILIDAD Y PRESIÓN SOCIAL

¡Se te pasa el arroz, maja!

¿Cuántas veces escuchamos a lo largo de nuestra edad adulta estas palabras? ¿Cuántas veces nos ha dolido el alma cada vez que las repiten en nuestra cara? Todas.

Ser madre (ser padres) parece ser el núcleo de la vida comunitaria. Allá donde mires ves que “lo normal” es que a los 30 ya tengas un hijo o dos (mejor la parejita, como si pudieras escoger). Pero lo que nadie ve es la amargura que se esconde detrás de los ojos de esos padres, sobre todo, el dolor que hay detrás de la falsa sonrisa social de esa mujer que ya no sabe qué más hacer, sino llorar. Porque es lo que quiere ser, madre. Por ese mismo deseo se somete a tratamientos y operaciones, acudiendo a los servicios de reproducción asistida e invirtiendo dinero, tiempo y salud en un sueño incierto.

Mientras tanto, lo ve normal, ve normal que las personas viajen por la vida de la mano de una personita que les alegra el alma y el corazón. ¿Por qué ella no? Y de repente, solo quiere rendirse, porque nadie consuela a un útero yermo.

A todas nosotras: no somos peores personas si un hijo no nos acompaña en la vida. No todos los objetivos deberán recaer en procrear. Es importante centrar nuestro objetivo en nosotras mismas.

La vida es un viaje que vivimos con nosotras mismas, durante el cual nuestro principal objetivo es vivir, disfrutar cada segundo, perseguir nuestro horizonte y no focalizar un objetivo como primordial basado en la estela que dejan otras personas.

Esas personas no son tú.

Tú: tienes lo alcanzado. Tienes tus metas. Tus sueños. Tu familia. Solo tú puedes caminar con esos zapatos, por lo que es imposible hacerlo con unos prestados. Por ello, los servicios de intervención psicológica ofrecen asistencia, tanto social como sanitaria, que guía cada paso del camino, cada etapa que conlleva la presencia de patología e infertilidad, así como información e intervención en los distintos trastornos emocionales que pueden presentarse como culpa, remordimiento, depresión y ansiedad.

Debemos alzar la voz hasta que sea escuchada, derribando la pared social del tabú que rodea la infertilidad. Es una realidad que viven muchas mujeres a nuestro alrededor y entre todas ellas, existe una red de empatía y solidaridad. Extendamos esa red a TODAS las mujeres, entre aquellas que sufren por una maternidad que no llega y las que pueden disfrutarla. Porque todas, somos, ante cualquier etiqueta diagnóstica, simple y mágicamente MUJERES.

Necesitamos ese apoyo que nos impulsa hacia nuestro futuro, partir de nuestro pasado único y avanzar a través de nuestra realidad vivencial.

Asimismo, el camino suele andarse entre dos, por lo que la presión social recae en la pareja. Cuida de el/ella, sin basar la relación en lo que no es.

Quisiera recalcar, aquello que toda mujer debe escuchar. Dejo aquí la frase que me dijo mi pareja cuando nos comunicaron que muy probablemente yo no podré tener hijos: “no te quiero por lo que me puedes dar. Te quiero por lo que eres”.

Muchas veces, las palabras sanan.

 

Texto: Ruth Gallardo Ruiz. Psicóloga general sanitaria. Master en investigación en salud mental.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Cochrane Library. Primera consulta de la pareja infértil y estudio de infertilidad.  EMC Tratado de medicina. 2019. Marzo
  2. Muñoz, M., & José, M. (2020). Embarazo en mujeres con infertilidad primaria posterior a laparoscopía y su manejo en la Clínica INFES periodo 2015-2020.
  3. Jurado, R. A., Moreno-Rosset, C., Río, C. J., & Espada, A. Á. (2008). Principales trastornos psicológicos asociados a la infertilidad. Papeles del psicólogo, 29(2), 167-175.
  4. Información sobre la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Marqués de Valdecilla. Análisis del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV) (reproduccionasistida.org)
  5. Álvarez López, A. (2018). Infertilidad femenina: causas y tratamiento.
  6. Bello, K. O., & Batista, Y. (2019). INFERTILIDAD FEMENINA Y MODOS DE SUBJETIVACIÓN: CUANDO EL YO SE PERCIBE FALLIDO. Integración Académica en Psicología., 7(21).
  7. saludmentalperinatal.es

 

 

Carmen Liaño

Acrílico y collage sobre cartulina