¿Qué es la violencia obstétrica?

El patriarcado es la ideología dominante que sustenta nuestra sociedad, según la cual y siguiendo la definición de Gerda Lerner (1986), en Fontenla (2008) es “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general” (p.1). Esta ideología es la que sustenta la violencia de género que se reproduce tanto en nuestra sociedad como también dentro del ámbito sanitario, con prácticas sobre la salud reproductiva de las mujeres que se denominan violencia obstétrica. 

Estas prácticas en la etapa perinatal incluyen:

  • No atender respetuosamente y con todos los recursos humanos/técnicos las emergencias obstétricas.
  • Obligar a que la postura de la mujer en el parto sea beneficiosa para el personal sanitario (posición supina, piernas levantadas, etc…), pero no atienda las necesidades del bebé y su madre, sin existir causa que impida el parto vertical.
  • Negar/Impedir sin motivo justificado el piel con piel inmediatamente tras el parto (y durante mínimo la primera hora de vida extrauterina del bebé), negando al bebé la posibilidad de ser cargado, de establecer el contacto visual con su madre, de normalizar su temperatura y glucemia,  obstaculizando el apego precoz, interfiriendo en la lactancia, en el nacimiento del vínculo afectivo y en la sincronización de la díada madre-bebé.
  • Medicalizar las gestaciones y partos rompiendo el proceso natural de los mismos.
  • Destruir la confianza de las madres en sí mismas y en sus cuerpos como principales reguladores de la fisiología de su bebé.
  • No brindar información a la mujer, no empoderar decisiones informadas e intervenir en su cuerpo sin su consentimiento expreso.
  • Infantilizar, humillar o ridiculizar los deseos o necesidades de las mujeres.
  • Practicar técnicas de aceleración, cesáreas, administración de oxitocina, tactos vaginales, episiotomías e invasiones múltiples en el cuerpo de la mujer como norma.
  • Someter a las mujeres a insultos o burlas aprovechando su vulnerabilidad social o su pertenencia a grupos o ideologías minoritarias.
  • No informar de los riesgos de practicar ciertas intervenciones como la administración de oxitocina sintética y sus riesgos en aumentar el dolor, causar rotura uterina, hipoxia y sufrimiento fetal agudo (Guillén, F. F. 2015).
  • Vulnerar el derecho de la mujer a su integridad personal, a su privacidad e intimidad.

 

Texto: Elsa Gil Martínez. Psicóloga Perinatal en Unidad Neonatal Madrileña. Mediadora familiar. Experta en Género, Derecho de Familia y Menores. Asesora del sueño infantil y Directora del Blog criandoaconciencia.org. Co-Fundadora de Asociación Tueris: Maternidad, Derechos e Infancia.
María Jesús del Campo

Acrílico y carboncillo sobre cartón